Una de las mejores experiencias para las que la escuela no te prepara desafortunadamente es la enseñanza de la arquitectura, es cambiar de punto de vista y una forma tan buena de organizar tus propias ideas que por lo menos para mí resulta bastante enriquecedor de mi propio quehacer arquitectónico.

Aunque para mi ha sido más un descubrimiento inconsciente que algo que busqué, la enseñanza de arquitectura es una de las grandes dádivas que la vida me ha dado.

Por esta razón ahora que comenzamos un nuevo ciclo escolar quisiera dejar constancia de lo mucho que disfruto enseñar, aunque en ocasiones confieso que me doy cuenta que no todos mis alumnos aprenden, esta es una de las crudas realidades de esta profesión, por mucho tiempo había escuchado el dicho de que la arquitectura no se transmite, se aprende y es después de varios años como profesor que he podido comprenderlo.

La arquitectura no puede inculcarse o transmitir a ninguna persona, el saber hacer o no tiene que desarrollarla el alumno, es por eso que se dice que se aprende, esto es del alumno, aunque también considero bastante importante la conducción del maestro, alguien que pueda emocionar a otros al hablar de su profesión de arquitecto, creo que eso es necesario para llegar a poder enseñar a ser arquitecto, aunque esto también no se logre fácil. En el estudio siempre hablamos de cuando lleguemos a ser arquitectos, ya que ahora seguimos en formación según nuestro punto de vista.

Los grandes arquitectos también fueron grandes maestros, por ejemplo Frank Lloyd Wright, fundó y organizó una manera de enseñar arquitectura de manera práctica, aprender haciendo era una de las maximas de la beca Taliesin.

Entonces ¿cómo se enseña la arquitectura? Para responder considero que citar a un profesor, arquitecto y escritor es lo adecuado;

“Tras ya muchos años trabajando como arquitecto, enseñando como
profesor y poniendo por escrito mis ideas, las razones por las que
hago mi trabajo, debo confesar que lo que en verdad busco, con
todo ahínco, con toda mi alma, denodadamente, es la belleza”.

Así comienza un capítulo de su libro Varia Arquitectónica, Alberto Campo Baeza y creo que tiene razón, pero ya que el término belleza es algo escurridizo entiendo que habrá que crear nuestro propio concepto de belleza y entonces salir a buscarla donde sea que se encuentre, primero nosotros y después darles el mismo cometido a los que enseñamos, hay que buscar la belleza, creo también que de otra manera no se llega a hacer arquitectura.

Terminaré citando al maestro de nuevo porque para mí es imprescindible marcar un camino, tener claros los pasos a seguir para enseñar arquitectura y aquí él lo describe de una manera muy simple, pura y también certera que podría decirse que es una receta imprescindible.

Cada vez tengo más claro que la razón, la tan denostada razón, es el
instrumento primero y principal para un arquitecto. Y también para la
enseñanza. Y así lo debemos transmitir a los alumnos.

Y a ti ¿Te pareció buena tu formación? ¿Qué cambiarías? Sí enseñaras, ¿Qué harías diferente?